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Sin en el banquete de la vida no hay asiento para todos,
es porque algunos... Ocupan demasiado lugar. ver video

domingo, 7 de febrero de 2016



LA MUERTE
Y EL POETA
(Homenaje a Blanca Buda)
Nunca imaginé mi vida iluminada, por tanta rima.
Tampoco la despedida, aburrida y sin corchea.
Literatura atrapada en el idioma que inspira,
como último recuerdo, voy a escribir mi condena.
Se acordó un poco tarde, de elegirme o aceptarme,
recorrí cantidades de metáforas y alquimias
poesías, relatos y fábulas antiguas;
ya no queda mucho más para quitarme,
solo el aullido silencio de quien, mi partir lo apena.
Altiva, me pasea por todos los poemas,
dolida por el cortejo que dibuja larga estela;
más, no le doy ventaja ni dejo escapar detalle,
avanzo otra nueva estrofa mientras me regala letra.
Camino suelta de ropas, por la galería eterna
descubriendo los colores que el infinito destella.
La muerte satisfecha, se ríe de mí
y yo… Y yo me río de ella.

jueves, 12 de noviembre de 2015



 

 

 
         
AYER ME QUEDE DESPIERTO.
 
Me despertó el sonido del silbato
un guarda que agitaba su pañuelo,
de compañero, tenía sentado un abuelo
que miraba de reojo, bajo el anteojos negro,
su saco lleno de manchas me recordaba a mi viejo
¡ lo nuevo es para las fiestas ! y yo lo heredé pa´l perro.
 
Ahora un grito de metal me desconcentra de golpe
el tren que viaja a remolque y mis ojos que se cierran,
ojalá que llegue a tiempo, pa’l partido de las once.
- Boleto -  - Garrapiñada -  Lo único que faltaba.
 
Pero, ese ruido extranjero que no sé de donde viene.  
Ah... el carro de un cartonero. Se está durmiendo parado
seguro que va colado, no debe tener ni vuelto.
No se acordó del invierno; hace frío pa’ chaleco
y ese zapato roto... que lo miro y más se rompe,
debe estar helado el hombre, ni habrá probado alimentos.
 
- Siéntese que yo ya bajo -  - No, gracias -  dice contento.
Tantos años que he viajado y recién hoy me despierto.
Ahora que llego a casa, voy a escribir unos versos.
- Querido -  ¿el saco y las botas?
Pucha...  me las deje en el asiento.
 
 

 

lunes, 20 de abril de 2015

LA VIDA EN CONTEXTO


   Mi vida como docente es muy corta, de tan solo dos semanas, accidentada y dada por la casualidad del destino. Como conocía a uno de los profesores, tras algunos trámites de solicitud, mi práctica bibliotecaria pude realizarla en una escuela multicultural, en un barrio muy vasto donde tengo varios vecinos conocidos. Durante esas jornadas se utilizó la biblioteca para realizar dos trabajos prácticos sobre la materia “Construcción de la ciudadanía”, cuyo tutor era mi conocido y el tema era: cómo debería ser un lugar para vivir.

   La primera semana fue muy atareada por los tiempos, entonces se hicieron trabajos prácticos escritos y realizados en las casas  de cada uno de los adolescentes. Allí apareció la queja hacia mi opinión como colaborador en las calificaciones, cuando Alex se quejó debido a que su nota era diez, y no aceptaba que yo hubiera sugerido que su compañera Gilda, quien había realizado una maqueta muy precaria también tuviera la misma nota.

   Ante esta disyuntiva, convenimos en dejar las notas expectantes y con mi colega, planteamos realizar el trabajo de la segunda semana fuera de la escuela. Habiendo hablado previamente con los padres de la joven, la sorpresa para Alex fue cuando llegamos a la casa de su compañera; una quinta de verduras alquilada a su padre y a su tío. Y en el fondo, estaba Gilda cosechando choclos. Bajo esas circunstancias, sin internet y en la única pieza donde dormía Gilda con sus cuatro hermanos menores y un único enchufe para la estufa, deberían hacer el segundo trabajo práctico.
 


   ¡Es imposible!  Argumentó Alex. Pero allí entendió porque la maqueta de Gilda, que tenia hojas de choclo, una cajita de cartón como casa y una foto de su pieza, también representaba una vivienda, no tan ideal pero realmente representada.
   Desde ese día, creo que todos aprendimos una nueva manera de evaluar en contexto, y  mi colega me cuenta que Alex desde ese día, realiza los trabajos grupales con Gilda.
 
Ariel Escobar

sábado, 29 de marzo de 2014

ARROYO ESPERITA

 
 
A dónde va tu bajante, qué Río Luján te espera                             
aférrate a tus raíces, nunca te entregues ¡Pelea!

 Se despide, con los muelles sentados en las veredas                            
y desnuda su sequía. Un sauce llora y mielea.

Cuando parece que se diluye, que no despierta la siesta           
vuelve el agua arrepentida; y crece, crece serena.

Trae las hojas que le prestó el otoño, y como moño                 
aquella seca flor de primavera.

Asoma y se agiganta, contra el barro óxido                                             
y su gramilla reserva.

Empapa todos los labios de la casuarina añeja,                                
las canoas se revelan tornándose hacia el oeste                            
donde el sol tibio se aleja.

Y festejan las mojarras, siete de plata en su mueca                         
que enfrentan todos los bastos                                                                    
y hasta el vale cuatro arriesgan.

Pasean los camalotes como carrozas de fiesta,                              
salta voraz tararira con un anzuelo entre cejas.

Llega despacio la noche, el Esperita se acuesta                                  
con la histórica Anastasia, abanderada de niebla.

 
Todo sucede en tu día                                                                                     
y un poema te recuerda.

TRES SOÑADORES...


…¿Cómo te encontraste, aquí, con Walsh?  

Walsh: -Contale Haroldo-                           

Conti: -Resulta que me atrasé debido a una reunión que tuve con otros escritores, y al llegar al Gambado había tan poca agua que no pude cruzar el arroyo. Para mi suerte, la almacenera entraba al Carapachay y me acercó hasta acá. Lo que no imaginé fue encontrar a Rodolfo con sombrero de paja y sin sus anteojos de marcos oscuros-

Walsh: -Es para pasar desapercibido-

…-Perdón. ¿Y, por qué usas pedacitos de carne para pescar, si es mejor usar lombriz?-

Conti: -Seguro que también tiene una explicación. ¡Para todo tiene una explicación!-, susurra Haroldo, mientras pone a calentar la vieja pava vestida de hollín.

Walsh: -Resulta que la carne no se mueve debajo del agua, pero atrae por los jugos que despide. En cambio, la lombriz enseguida delata la posición donde se encuentra y “zas”, cualquier pez chico se gana el trofeo-

…-Me resulta extraña tu explicación, Rodolfo. Aunque ya el hecho de estar aquí ya es sumamente extraño-

Es extraño el contexto, pero gratificante gracias a la humedad del tiempo que respiro.

¡Tomate un matecito! Le dice Haroldo a su colega, mientras calienta más agua que filtró del arroyo.

Conti: -¿Y vos, che, cómo llegaste hasta aquí?

…-Yo estaba pescando acá cerquita, en el arroyo Esperita, sentado en mi reposera. De repente se sucedieron dos bostezos, luego cabeceé tres o cuatro veces y aparecí compartiendo esta mesa con ustedes-

 

Una rama de sauce, que trae el recuero del antiguo “álamo carolina” rechina como queriendo advertirme de que ¡Algo parece ilógico!, pero esta es una noche para soñar, única, irrepetible. Y por muchas cosas más, diría Walsh, este momento cotiza más que “un kilo de oro”.

Consulto a Rodolfo, si conoce algún sitio web interesante, y me contesta:

-¡Este es un sitio bueno!, acá se respira vida y muy pocos conocen este paraíso perdido.

-¿De qué sitio hablan, che? Pregunta Haroldo.

…-No, de nada. Creo que Rodolfo no me entendió la pregunta-

Conti: -¿Tomás mate amargo?-

…-Sí, gracias. “Para dulce esta la vida”-

Conti: -Haces muchas preguntas vos. Tendrías que escribir algún relato policial. ¿Qué opinás Rodolfo?-

 Walsh: -¿Que opino? ¡Menos relatos policiales y más poesía! Mirá lo que es este río, los pájaros, el perfume verde de los árboles…-

…-Bueno, bueno. Para que no haya diferencias prometo escribir todos los relatos y poesías que pueda-

Te tomo la palabra, así que no nos falles, agrega Rodolfo.

Walsh: -¡Haroldo! ¡Haroldo! ¿No viste dónde fue Haroldo?

…-La última vez que lo vi irse, estaba intentando encender el farol a kerosene-

Walsh: -Ahora que estamos solos ¿Te puedo preguntar algo?-

…-Por supuesto, Rodolfo-

Walsh: -Si no recuerdo mal, el 24 de Marzo de 1977 escribí una carta donde relaté unas cuantas verdades ¿Sabés si alguna vez la leyeron?

…-Sí, la leímos unos cuantos. Lamentablemente, en la actualidad, se lee una vez al año. Pero lo que te puedo asegurar es, que para los que comprendimos tus palabras, ya no existen grises sobre la realidad que vivimos. Lo que lamentamos mucho, es que después de esa carta, no te vimos nunca más-

Walsh: -¡Ves! Lo que te explicaba antes. Ese día…

Encarné con lombriz.

jueves, 31 de mayo de 2012

Mayo. La isla fantasma


  Los frutos del nogal caen sobre el arroyo “¡Tac, tac!”, y despiertan al silencio de la isla.


  Don Mayo, por el rechinar que escapa de la mecedora de mimbre debería estar hamacándose, si no fuera porque murió hace veinte años. Dicen que desapareció una madrugada luego de escucharse infinitos gritos desgarradores y ruidos de hachazos. Desde aquella ocasión nadie se atrevió a ingresar en la casa, y quienes se han asomado enloquecieron, porque cada vez que espiaron, las cosas no conservaban su mismo lugar.
  Otros aseguraban ver una cabeza en la ventana durante los crepúsculos, “El reflejo de la luna” tal vez.
  Una noche de verano recuerdo que dos jóvenes desconocedores de la tragedia osaron pescar en el muelle esquelético de Mayo, a pesar de mi advertencia. Al día siguiente apenas flotaba una boya sostenida por un trozo de caña partida. ¡Nunca vinieron a preguntar por ellos!
  La niebla se disipa y la isla emerge reflejada en el agua turbia como una postal en sepia. Inmutable.
  Ha pasado el tiempo y la soledad es la única testigo de estos recuerdos.


  “¡Tac, tac!”                                                     


  …Todavía conservo el hacha.

                                                                                                   Ariel Rey

domingo, 1 de mayo de 2011





VIDA CLANDESTINA


Solar tu vidrio, que refleja el río

Más amarillo, bien arriba, un haz de luz vuelve a tener brillo.

Iluminado por el fogón fuego, retumba aquel último ¡hasta luego¡

Allá en el fondo del color naranja, levanto nuevamente la mirada.

Y otra vez el amarillo.

La casa es marrón, color madera dura

corcho y tabaco, la textura; de redondo contorno el escalón.

El candelabro espera otra velada.

Más latas viejas acompañan su estadía.

Sobre un periódico reseco, esa antigua fecha borroneada,

marca de huella misteriosa, que guarda esta isla abandonada.

Pero a pesar de tu destino incierto, el recuerdo se respira.

Subiendo la escalera verde antigua, cuatro libros sobre la estantería.

Historias perdidas, sin presente.

Te presto mis ojos, desde la ventana. Y esa canoa, fiel amiga

que sigue esperando, con barro hasta la frente.

Legalmente, solo dicen que te fuiste, pero yo hallé tu sueño enmohecido,

Ese corazón, que latiendo lentamente, se ocultó entre camalotes

y allí, quedó dormido.